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Caída de Wall Street: cómo afecta a Chile y qué hacer con tus inversiones

  • Cuando Wall Street cae con fuerza, el impacto no se queda en los titulares. En Chile llega por varias vías al mismo tiempo: baja el valor cuota de los fondos de pensiones, el IPSA reacciona, el dólar se mueve y la inflación puede recibir presión adicional.
  • Entender por qué ocurre eso, y no solo que ocurre, es lo que permite tomar decisiones más racionales en momentos de incertidumbre. En este artículo analizamos los canales concretos por los que una corrección en Estados Unidos impacta la economía y las inversiones en Chile, qué sectores se ven más afectados y qué estrategias ayudan a gestionar la volatilidad sin destruir el patrimonio.
  • Cuando Wall Street cae con fuerza, el impacto no se queda en los titulares. En Chile llega por varias vías al mismo tiempo: baja el valor cuota de los fondos de pensiones, el IPSA reacciona, el dólar se mueve y la inflación puede recibir presión adicional.
  • Entender por qué ocurre eso, y no solo que ocurre, es lo que permite tomar decisiones más racionales en momentos de incertidumbre. En este artículo analizamos los canales concretos por los que una corrección en Estados Unidos impacta la economía y las inversiones en Chile, qué sectores se ven más afectados y qué estrategias ayudan a gestionar la volatilidad sin destruir el patrimonio.

Cuando Wall Street sufre fuertes caídas, el impacto no se queda solo en Estados Unidos. En Chile, estos movimientos suelen influir rápidamente en las pensiones, inversiones, acciones locales, el dólar y el apetito por riesgo de los mercados. Aunque para muchas personas la bolsa norteamericana pueda parecer algo lejano, la realidad es que gran parte del sistema financiero global depende de lo que ocurre en los mercados estadounidenses, por lo que una crisis importante rara vez pasa desapercibida en la economía chilena.

La caída de Wall Street hace referencia a desplomes significativos del mercado bursátil estadounidense, como el histórico crac de 1929 que dio inicio a la Gran Depresión. Sin embargo, no todas las caídas generan el mismo efecto: algunas provocan un fuerte impacto global, mientras otras producen solo ajustes temporales. Por eso, entender cómo estos movimientos afectan a Chile es clave para que los inversionistas tomen mejores decisiones financieras y comprendan el verdadero alcance de la volatilidad internacional.

Un shock geopolítico con efecto dominó

El 2026 arrancó con muy poca paz. A finales de febrero, la escalada del conflicto en Oriente Medio terminó provocando un cierre casi total del estrecho de Ormuz, una ruta por la que pasa cerca de una quinta parte del petróleo mundial. El mercado reaccionó como cabía esperar: el crudo se disparó por encima de los 100 dólares por barril y el fantasma de una nueva ola inflacionaria volvió a meterse de lleno en la conversación global. Pero el golpe no se quedó en el mercado energético. También alcanzó de lleno a Wall Street, donde los índices empezaron a moverse con una violencia creciente ante el miedo a una escalada militar más seria y a sus posibles consecuencias sobre el crecimiento global y la política monetaria.

El Nasdaq 100 fue uno de los grandes termómetros de esa tensión. Con un peso enorme de tecnológicas y compañías ligadas a la inteligencia artificial, terminó entrando en zona de corrección al caer más de un 10 % desde los máximos de enero. Y no fue casualidad. La caída coincidió con unos datos de inflación en Estados Unidos peores de lo esperado y con un deterioro notable en la confianza del consumidor, dos elementos que reforzaron la idea de que la Reserva Federal no tiene ninguna prisa por recortar tipos. Con ese telón de fondo, muchos inversores empezaron a deshacer posiciones en empresas de crecimiento, especialmente en tecnología, y a mover parte del dinero hacia sectores más defensivos o hacia renta fija, buscando algo más de protección en medio del ruido.

La tensión, además, no se limitó a las bolsas. Se extendió también a las materias primas y al mercado de divisas, como suele ocurrir cuando el miedo empieza a mezclarse con dudas macroeconómicas. El petróleo subió con fuerza por el riesgo de interrupciones en el suministro, mientras el cobre cedía alrededor de un 2,5 % al calor de las señales de desaceleración en China. Al mismo tiempo, el dólar se fortaleció prácticamente frente a todas las monedas importantes, impulsado por esa clásica búsqueda de refugio que aparece cuando el mercado se pone nervioso y los bonos del Tesoro vuelven a verse como puerto seguro. Esa combinación (petróleo al alza, tecnológicas corrigiendo, dólar fuerte y tipos altos durante más tiempo) fue, en esencia, la mezcla que terminó encendiendo la aversión al riesgo a escala mundial.

Cómo se transmite el temblor geopolítico a Chile

Chile tiene una virtud y un problema al mismo tiempo: está muy conectado con el mundo. Y cuando afuera se tuerce el mercado de verdad, aquí rara vez nos salvamos del temblor. Si Wall Street cae con fuerza, no estamos mirando una película ajena. Nos toca. Nos toca en los fondos de pensiones, en los fondos mutuos, en los APV y, en general, en buena parte del ahorro de muchísima gente que quizá ni siquiera sigue el mercado día a día, pero que sí acaba notando cómo baja el valor de sus inversiones.

Impacto en fondos de pensiones y ahorro local

La razón es bastante simple. Una porción enorme del dinero invertido por los fondos de pensiones chilenos está fuera del país, sobre todo en acciones y bonos de Estados Unidos y Europa. Es decir, cuando las bolsas americanas se ponen a caer con ganas, el golpe entra casi directo en esas carteras. No hace falta hacer nada mal ni tomar decisiones extrañas: basta con estar expuesto a ese mercado para que el valor cuota sufra. Y lo mismo pasa, en mayor o menor medida, con otros vehículos de ahorro y con instituciones financieras que también tienen parte de su dinero colocado en el exterior. Cuando Wall Street estornuda fuerte, aquí no solo se oye el ruido: a veces también nos resfriamos.

Reacción del mercado chileno

Pero el contagio no llega únicamente por esa vía internacional. También se transmite por ánimo, por flujos y por pura mecánica de mercado. Cuando el contexto global se deteriora, el mercado chileno suele ponerse más defensivo. Y eso fue exactamente lo que pasó. El IPSA había arrancado la segunda mitad de marzo con cierto buen tono, pero terminó girándose y cerrando la semana con caídas. No fue solo por miedo. Fue una mezcla de presión externa, reducción de riesgo y factores técnicos que echaron más leña al fuego, como la triple hora bruja y el rebalanceo de índices de FTSE. Cuando coinciden vencimientos, ajustes de cartera y nervios globales, el mercado se vuelve bastante menos elegante y bastante más brusco.

Ahí empezaron a verse ventas fuertes en nombres importantes como SQM-B y Cencosud, no necesariamente porque el negocio hubiera cambiado de un día para otro, sino porque en momentos así los institucionales priorizan otra cosa: liquidez, orden y control del riesgo. Y cuando toca recortar exposición, muchas veces se vende lo que se puede vender, no solo lo que uno querría vender. Esa es una verdad poco romántica del mercado.

También es verdad que no todo cayó igual. Y eso conviene recordarlo, porque en cada sacudida siempre hay ganadores parciales, resistentes inesperados y sectores que incluso encuentran cierto viento a favor. Parque Arauco, Latam y SQM-B sufrieron con claridad, mientras Vapores logró aguantar mejor e incluso subir ligeramente, apoyada por el repunte de las tarifas navieras y por una mayor tensión logística global. Eso dice mucho. En medio del caos, hay negocios que empeoran y otros que, por pura estructura, pueden beneficiarse del desorden.

Pero no nos engañemos: esas excepciones no cambiaron la foto de fondo. El grueso del mercado chileno se alineó con la corrección internacional. Y eso deja una lección bastante clara para cualquier inversor local: aunque uno compre acciones chilenas o piense que está jugando en casa, muchas veces el partido real se sigue decidiendo bastante lejos de Santiago.

Impacto sobre el peso y la inflación

Efectos en el tipo de cambio

Otra vía de contagio es el tipo de cambio. La búsqueda de refugio en dólares provoca salidas de capitales desde los mercados emergentes, debilitando las monedas locales. En el caso de Chile, la escalada bélica y el repunte del petróleo, sumados a la caída del cobre, impulsaron el dólar hasta su nivel más alto en cuatro meses. La depreciación del peso encarece las importaciones y podría presionar al alza la inflación, justo cuando el Banco Central de Chile intentaba anclar las expectativas inflacionarias. Esta presión cambiaria genera un dilema para la autoridad monetaria: si reacciona subiendo la tasa de interés para defender la moneda, corre el riesgo de frenar la recuperación económica; si se mantiene inerte, el alza del dólar se filtra a los precios domésticos, encareciendo combustibles y alimentos.

Consecuencias para familias y empresas

En términos cotidianos, un dólar más caro afecta el precio de la bencina, de los productos electrónicos, de los paquetes turísticos y de los créditos denominados en divisas. Las familias con compromisos en dólares ven aumentar sus cuotas en pesos, mientras que las empresas importadoras enfrentan mayores costos. Por otro lado, quienes reciben ingresos en moneda extranjera o exportan se benefician de la devaluación del peso. Es por ello que muchos inversionistas chilenos consideran la compra de dólares físicos o a través de instrumentos financieros como una forma de protegerse ante caídas bursátiles y geopolíticas.

Sectores más sensibles y oportunidades

Sectores más afectados

No todos los sectores reaccionan igual ante una caída de Wall Street. Las acciones de crecimiento, especialmente las tecnológicas, sufren más porque su valorización depende de expectativas de utilidades futuras que se descuentan a una tasa mayor cuando suben los rendimientos de los bonos. En Chile, el sector retail y el bancario también suelen corregir con fuerza, pues reflejan el ciclo económico y el consumo interno.

Oportunidades de inversión

Por el contrario, empresas ligadas al litio, a la energía y a los alimentos pueden encontrar apoyo en precios de materias primas más altos. El litio y el cobre, por ejemplo, continúan siendo demandados en medio de la transición energética; un repunte del precio de estos metales puede mitigar parte de las pérdidas en otros segmentos.

Para los inversionistas de mediano y largo plazo, las caídas representan oportunidades de compra. Los flujos forzados de venta de los grandes gestores internacionales y de las AFP pueden generar descuentos atractivos en activos de calidad. Asimismo, la historia muestra que, tras una corrección profunda, los mercados suelen recuperar sus niveles en cuestión de meses o años, especialmente cuando la economía subyacente se mantiene saludable. La crisis del COVID‑19 en 2020 es un ejemplo: el IPSA cayó más de 35 % en marzo de ese año, pero rebotó al ritmo de los estímulos monetarios y fiscales. Quien mantuvo la calma y diversificó su cartera evitó pérdidas permanentes y capturó la recuperación.

El rol de la Reserva Federal y el Banco Central de Chile

La política monetaria se ha convertido en una de las piezas más sensibles de todo este escenario. A finales de marzo de 2026, la Fed decidió mantener su tasa de referencia en el rango de 3,50 % a 3,75 %, pero lo realmente importante no fue tanto la decisión en sí como el mensaje que la acompañó. Jerome Powell dejó claro que, mientras la inflación siga dando guerra en Estados Unidos, la prioridad seguirá siendo contenerla. Y eso significa paciencia antes de empezar a bajar tipos. Entre una energía otra vez al alza y un mercado laboral que todavía no termina de enfriarse, la Fed transmitió la idea de que no tiene ninguna prisa por aflojar. El mercado lo entendió rápido: las expectativas de recortes se desplazaron hacia finales de 2026, el dólar ganó fuerza y la presión sobre la renta variable volvió a aumentar.

Grafico USD CLP caida de wall street

En Chile, la situación tiene otro matiz, pero no deja de estar conectada con ese mismo pulso global. El Banco Central llevaba tiempo recortando gradualmente la Tasa de Política Monetaria desde mediados de 2025 para acompañar la recuperación económica. Sin embargo, el nuevo repunte del petróleo y la debilidad del peso han vuelto a meter ruido en el tablero. Ya no se trata solo de apoyar el crecimiento, sino también de evitar que las presiones externas vuelvan a contaminar la inflación interna. Por eso empieza a tomar fuerza la discusión sobre si conviene seguir recortando al mismo ritmo, frenarse un poco o incluso hacer una pausa.

En su reunión de marzo, el Consejo optó por mantener la tasa en el 5 % y dejó una señal bastante clara: las presiones inflacionarias que vienen desde fuera siguen siendo un riesgo importante. Al mismo tiempo, el banco considera que un crecimiento del 2,5 % en 2025 encaja con una economía que va cerrando su brecha de actividad de forma gradual, sin necesidad de acelerar demasiado el estímulo. Para el inversor, todo esto tiene una lectura bastante directa. Si la política monetaria chilena se vuelve menos flexible de lo que se esperaba, el coste del financiamiento puede mantenerse más alto durante más tiempo, y eso termina afectando tanto a las empresas como a la valoración de muchos activos. Dicho de forma sencilla: cuando los bancos centrales dejan entrever que van a ser menos complacientes, el mercado vuelve a recordar que el dinero barato no dura para siempre.

El papel del cobre y las materias primas

Un factor que muchas veces ayuda a amortiguar los choques externos es el precio de los commodities que Chile exporta. El cobre representa cerca del 10 % del PIB y aproximadamente la mitad de las exportaciones del país, lo que convierte al metal rojo en una variable clave para las cuentas fiscales y para el tipo de cambio. Cuando Wall Street cae por miedo a una recesión global, el precio del cobre suele bajar porque los mercados descuentan una menor demanda de China y del resto del mundo. Eso fue lo que ocurrió en marzo: mientras el petróleo subía por los riesgos geopolíticos, el cobre retrocedió con fuerza reflejando la preocupación por el crecimiento chino y por la ralentización de la industria global. Este descenso presiona a las arcas fiscales y limita la capacidad de que la depreciación del peso sea compensada por mayores ingresos por exportaciones. A la inversa, si el conflicto cede y la actividad global se estabiliza, un rebote del cobre podría favorecer al peso y aliviar la presión inflacionaria.

Como reaccion el cobre a una caida de wall street

El litio, cuya demanda ha explotado con la transición hacia vehículos eléctricos, también tiene un rol cada vez más relevante. Las empresas chilenas ligadas al litio, como SQM, pueden ser un refugio relativo en tiempos de volatilidad, dado que los fundamentos de demanda para baterías se mantienen sólidos a largo plazo. Sin embargo, el precio de este mineral ha mostrado una alta volatilidad por la aparición de nuevos proyectos en otros países y la desaceleración en la adopción de autos eléctricos en algunos mercados. Los inversionistas deben considerar estas dinámicas cuando piensen en sectores resilientes dentro de la bolsa local.

AFP y fondos mutuos: cómo las carteras chilenas absorben los shocks

Exposición internacional de las AFP

Las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) manejan un portafolio de más de 200 mil millones de dólares, una cifra similar al tamaño de la economía chilena. Por ley, pueden destinar hasta un 80 % de los recursos del fondo A (el más riesgoso) a inversiones en el extranjero, porcentaje que se reduce para los fondos más conservadores. Esta apertura ha permitido capturar el dinamismo de Wall Street y de otras bolsas, pero también implica que una corrección internacional golpea directamente la rentabilidad de las cuentas individuales. Cuando el Nasdaq o el S&P 500 caen, los fondos más arriesgados experimentan descensos que se reflejan en el saldo de los afiliados. No obstante, es importante recordar que las AFP invierten a largo plazo y realizan rebalanceos automáticos para reducir la volatilidad. Además, mantienen una porción significativa en bonos, activos inmobiliarios y renta fija local que amortigua las caídas.

Diversificación en fondos mutuos y APV

En los fondos mutuos y en los productos de ahorro voluntario (APV), la exposición a Wall Street varía según la estrategia. Muchos fondos de acciones chilenas incluyen posiciones en ETFs internacionales para diversificar riesgos y aprovechar tendencias globales. Los clientes pueden elegir entre estrategias globales, norteamericanas, europeas o emergentes. Por ello, es esencial que los inversionistas comprendan el nivel de riesgo que están asumiendo y la proporción de su cartera que está expuesta a la volatilidad estadounidense. Una buena práctica es revisar periódicamente la ficha del fondo para conocer sus principales tenencias y niveles de riesgo.

Mirando hacia adelante: escenarios para la segunda mitad de 2026

Con el conflicto en Medio Oriente todavía sin una resolución clara y la Reserva Federal enfocada en contener la inflación, es probable que la volatilidad continúe. Los analistas plantean al menos tres escenarios para lo que resta del año:

  1. Desescalada geopolítica y moderación de la inflación. Si las principales potencias logran un acuerdo para reabrir Ormuz y las tensiones se reducen, el precio del petróleo podría bajar, aliviando la inflación global. En ese contexto, la Fed podría reanudar los recortes de tasas hacia finales de 2026 y los mercados bursátiles podrían recuperar terreno. Para Chile, esto significaría un fortalecimiento del peso, una recuperación del IPSA y mejores perspectivas de crecimiento.
  2. Conflicto prolongado con energía cara. Un cierre prolongado del estrecho de Ormuz mantendría el crudo por sobre los 100 dólares y presionaría la inflación. Las tasas se mantendrían altas, el dólar fuerte y las acciones bajo presión. En este escenario, los inversionistas deberían privilegiar sectores defensivos, mantener liquidez en dólares y buscar oportunidades en empresas con poder de fijación de precios.
  3. Escalada y recesión global. Un recrudecimiento de la guerra, con ataques a infraestructuras energéticas o un aumento de las sanciones, podría desencadenar una recesión global. Las bolsas caerían con más fuerza, las materias primas se dispararían y los bancos centrales tendrían que decidir entre contener la inflación o sostener la actividad. Para Chile, esto implicaría un golpe duro a la economía y al mercado laboral, y reforzaría la necesidad de mantener reservas en activos líquidos y protegidos.

Entender estos escenarios ayuda a construir estrategias flexibles. En el escenario más favorable, se puede aumentar la exposición a acciones y sectores cíclicos; en los más adversos, conviene priorizar la preservación del capital y la protección cambiaria. Lo fundamental es reconocer que el futuro no se puede predecir con certeza, por lo que la preparación para distintos caminos es clave.

Enseñanzas de las correcciones históricas

Las caídas de Wall Street han sido provocadas principalmente por el estallido de burbujas especulativas, cambios bruscos en las tasas de interés y el pánico de los inversores. Las repercusiones de las caídas de Wall Street suelen incluir recesiones profundas, quiebras bancarias masivas y un estancamiento del comercio internacional.

Para dimensionar qué significa una caída de Wall Street, conviene mirar hacia atrás. Durante la crisis financiera global de 2008, los índices estadounidenses cayeron alrededor del 50 % en su punto más bajo. El impacto en Chile fue dramático: el IPSA perdió 40 % y el dólar se disparó a niveles récord de la época. Sin embargo, quienes mantuvieron inversiones en activos diversificados recuperaron sus pérdidas en un par de años. Algo similar ocurrió en 2011 con la crisis de la deuda europea y en 2020 con la pandemia: los mercados se desplomaron, pero rebotaron una vez que se despejó la incertidumbre.

La lección central de estos episodios es que las caídas son parte de la dinámica de los mercados y que los inversionistas deben preparar sus carteras para afrontarlas, no solo reaccionar cuando ya han ocurrido. Las rebajas bruscas de índices son dolorosas, pero también ofrecen la oportunidad de evaluar el nivel de riesgo que se está asumiendo y ajustar las posiciones según el horizonte de inversión.

Estrategias para navegar la volatilidad

Diversificación y escalonamiento

Para un inversionista chileno promedio, la principal recomendación es diversificar. Esto significa repartir los ahorros en distintos tipos de activos: acciones locales e internacionales, bonos de diferentes plazos y calidades, fondos inmobiliarios, instrumentos indexados a la inflación (UF) y, eventualmente, commodities o activos alternativos. En tiempos de turbulencia se puede aumentar ligeramente la proporción de activos defensivos, como bonos del Tesoro estadounidense o depósitos en dólares, pero sin abandonar completamente la exposición a renta variable, que es la que ofrece mayor potencial de crecimiento a largo plazo.

Otra estrategia es escalonar las inversiones; es decir, invertir de forma gradual y periódica en lugar de hacer compras o ventas masivas en un solo momento. Este enfoque reduce el riesgo de entrar en el pico de euforia o de vender en el fondo del pánico. También es útil mantener un fondo de emergencia en instrumentos líquidos y de bajo riesgo para cubrir imprevistos sin tener que liquidar inversiones de largo plazo en momentos adversos.

Coberturas y educación financiera

Los inversionistas más sofisticados pueden recurrir a coberturas mediante derivados financieros, como contratos de futuros o opciones sobre el índice IPSA o sobre el dólar. Estos instrumentos permiten limitar las pérdidas si el mercado sigue cayendo, aunque requieren conocimiento y asesoría para evitar riesgos excesivos. Otra alternativa es invertir en sectores que suelen beneficiarse de la volatilidad, como las empresas de servicios públicos o las ligadas al oro y a la energía.

Finalmente, la educación financiera y la serenidad son herramientas tan importantes como cualquier instrumento financiero. Entender que los precios de las acciones reflejan expectativas y emociones de millones de participantes, y que esas expectativas pueden variar de un día para otro, ayuda a no dejarse llevar por el miedo o la codicia. Tomar decisiones basadas en objetivos personales, horizonte temporal y capacidad de asumir pérdidas permite construir carteras más resilientes.

Conclusión: un temblor que se puede gestionar

Una caída de Wall Street no es el fin del mundo para los inversionistas chilenos, pero tampoco es un fenómeno inocuo. Los efectos se sienten en las rentabilidades de los fondos de pensiones, en el valor de las acciones locales, en el tipo de cambio y en la inflación. Sin embargo, la magnitud de ese impacto depende de la exposición de cada cartera, del comportamiento de materias primas como el cobre y el petróleo, y de la reacción de los bancos centrales. Al final, lo que marca la diferencia es cómo se enfrenta la volatilidad: si se actúa con cautela, diversificación y visión de largo plazo, un derrumbe bursátil puede convertirse en una oportunidad más que en una amenaza.

FAQ

Aunque Wall Street parezca algo lejano, la economía de Chile está muy conectada con el mundo. Cuando las empresas más grandes de Estados Unidos pierden valor, se genera un efecto dominó que llega a nuestro país por varias vías. La más directa es el dólar: ante el miedo, los inversionistas corren a refugiarse en la moneda estadounidense, lo que hace que su precio suba en Chile. Esto provoca que muchos productos que importamos, como la bencina, los alimentos y la tecnología, se vuelvan más caros para nosotros.

Además, Chile depende mucho de la venta de cobre. Si el mercado internacional se pone nervioso y piensa que habrá menos crecimiento global, el precio del cobre suele bajar. Esto significa que entran menos recursos al país, lo que debilita nuestra moneda y puede afectar el empleo o el crecimiento de las empresas locales donde trabajamos o invertimos.

Una parte muy importante del dinero de tus fondos de pensión (AFP) y de tus ahorros en fondos mutuos está invertida en acciones de empresas de Estados Unidos y Europa. Por lo tanto, si la bolsa de Nueva York cae con fuerza, el valor de tus ahorros también puede bajar de forma temporal. Esto se refleja en lo que conocemos como "caída del valor cuota", que es básicamente el precio de tu inversión en ese momento.

Es normal sentir preocupación, pero es fundamental recordar que estas inversiones están pensadas para muchos años. Históricamente, después de grandes caídas, los mercados tienden a recuperarse y alcanzar nuevos máximos. El mayor riesgo para un ahorrante no es la caída en sí, sino tomar decisiones apresuradas por miedo, como cambiarse de fondo en el punto más bajo, lo que podría convertir una pérdida temporal en una pérdida definitiva de dinero.

La regla de oro en el mundo financiero es mantener la calma y no actuar por impulso. Cuando el mercado se mueve bruscamente, lo mejor suele ser revisar tu estrategia sin desesperar. Una buena forma de protegerse es la diversificación, que consiste en no poner todos los huevos en la misma canasta; es decir, tener repartido tu dinero en distintos tipos de inversiones como ahorros en pesos, en dólares, bonos y acciones de diferentes países.

Si tienes ahorros que no vas a necesitar en el corto plazo, las caídas de la bolsa pueden ser incluso una oportunidad, ya que podrías comprar activos de buena calidad a un precio mucho más bajo que hace unos meses. Lo más importante es tener un fondo de emergencia para tus gastos diarios y dejar que tus inversiones a largo plazo sigan su curso, confiando en que la economía tiende a estabilizarse con el tiempo.

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